martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

Desde el blog La psicóloga del cole os deseamos una feliz Navidad y un próspero Años Nuevo. Muchas felicidades a todos.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

"Ser padres"

Es un anuncio de una conocida marca pero, ¿no es maravilloso ser padres?


domingo, 15 de diciembre de 2013

Haciendo balance

Al igual que todas las personas, yo también a final de año hago balance. En el trascurso de un año, todos hemos vivido momentos buenos y malos, la ventaja psicológica de estos balances emocionales es poner el foco de atención no sólo en lo que estamos viviendo en estos momentos, sino, en todo un ciclo de 365 días. Es importante que sepamos analizar el porqué nos han ocurrido determinados sucesos,  pero a veces ni siquiera llegaremos a comprenderlo por lo tanto más importante aún es saber cómo voy a vivir los siguientes 365 días siguientes, para ser una persona feliz y que hace feliz a los que le rodean.  Es bueno pararse y pensar para saber cuál es el camino que deseo recorrer en mi vida.

Si me lo permitís también yo he hecho un pequeño balance de lo que ha supuesto este último trimestre en mi trabajo como psicóloga. Lo primero es agradeceros la buena acogida que ha tenido este blog, gracias por leerlo y por comentarme en el cole alguna de las entradas y por darme sugerencias para escribir.
Daros también las gracias por permitirme compartir con vosotros esta labor tan compleja como es la de educar a los hijos, en todas sus facetas, y no sólo la educativa.

Si me lo permitís, también quiero agradecer la labor que realizan en secretaria para poder coordinarme con vosotros, en la gestión de las citas pero, también, en cualquier otra circunstancia que siempre me surge
Aunque ya sabéis que este es un servicio externo, mi labor no sería posible sin que mis compañeros,  en especial los tutores, me dejaran interrumpir clases, hacerles preguntas y por lo tanto conocer mejor a vuestros hijos y, por supuesto, mi agradecimiento también a las subdirectoras, que permiten la realización de las pruebas colectivas y facilitan mi labor diaria.
Ya sabéis que mi labor en el colegio no se limita sólo a realizar e interpretar las pruebas psicológicas de vuestros hijos, por eso he elaborado este gráfico que ayuden a interpretar y explicar todas las facetas de mi trabajo profesional. Espero que os sirva para conocer un poco mejor mi trabajo.



sábado, 7 de diciembre de 2013

«¡No quiero leer!»

Los niños a menudo dicen: «¡no quiero garbanzos!, ¡no quiero fruta!» o, como Mafalda, «¡no quiero sopa!». Cuando ellos dicen no, nosotros, los padres, actuamos en consecuencia: no hacemos nada que perjudique su salud. En algunas ocasiones, no ocurre lo mismo con la lectura y me encuentro,  sobre todo en el último ciclo de Primaria, alumnos con problemas de comprensión lectora, a los que tampoco les gusta leer. En estos casos, el problema se va complicando, porque hablamos de motivar y conseguir cambiar la motivación no es tarea fácil, por mucho esfuerzo que pongan los padres (y se pone mucho). Ante esto, como casi todo en la vida, es mejor prevenir, y esto se hace ya desde los primeros años de vida.

Hay que leer con los niños: leerles cuentos, que ellos los manejen y que nos vean leer. Igual que hacemos otras tareas con ellos, tendría que ser una actividad diaria más y hacerla lúdica, igual que lo hemos conseguido cuando se lavan los dientes o se bañan… Al final, los padres tenemos muchos recursos para que hagan lo que queremos y ellos, también, para divertirse. Por suerte, ahora tenemos unos aliados que son los dispositivos electrónicos. Casi ningún niño se resiste a las tablets, ordenadores… Nuestro objetivo es claro: que lean y que sean lectores competentes.
Cuando realizo las pruebas psicológicas que les paso a vuestros hijos, hay una prueba que repito de formas diferentes en todos los cursos que es la que evalúa su capacidad verbal (vocabulario, sinónimos, antónimos, analogías verbales, adivinanzas, compresión lectora…). Por muy buena que sean sus capacidades intelectuales, al final no aprovecharan al máximo su potencial intelectual porque no comprenderán lo que leen.

Aunque la importancia escolar de la lectura parece que está clara para todos, no podemos olvidarnos que el control de las emociones se realiza sabiendo poner nombre a las emociones que sentimos y, a veces, sólo saben decir que bien o mal, y no podemos ayudarles porque no le hemos puesto matices a todo lo que sienten (celos, enfado, tristeza, decepción, fracaso, alegría, emoción, sorpresa, solidaridad, amistad…). Su mundo es tan amplio como el nuestro: no se lo limitemos.

Quizá para estas Navidades, los Reyes Magos pueden traernos libros en sus muchas modalidades y que se ajusten tanto en gustos como en edades. La variedad es amplia y, que con los libros, los Reyes Magos nos traigan el propósito de buscar un ratito para una lectura pausada y feliz que nos sirva de relax a todos. Nos jugamos mucho.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

sábado, 30 de noviembre de 2013

«Porque yo lo valgo»

La verdad es que estas semanas me están dando muchos motivos para pensar, con las opiniones y comentarios que me hacéis padres, profesores y, también, vuestros hijos.

Durante estos últimos días he estado evaluando a los niños de Primaria, y los comentarios que me han hecho son tan espontáneos y únicos, como lo son los niños a estas edades.

Algunos pensaban que salían del aula para hacer la prueba (test o examen, según como lo llaman ellos) o porque tenían alguna dificultad, o porque eran los más listos de la clase. Yo siempre les digo que tienen que tomarse tan en serio estos ejercicios como si fueran un examen, pero que no lo es, porque sino lo hubieran preparado con papá o con mamá. Pero que, estos ejercicios que vais a hacer, sirven para ver cómo pensáis, porque a algunos se os da muy bien las matemáticas, a otros la lengua, a otros dibujar y a otros todo (siempre he tenido a algún niño que me ha dicho que se le daba bien todo).

Su otra preocupación era conocer si está nota la iban a saber los padres y, si suspendían, que iba a pasar. Les digo que, como no son notas, no se preocupen si suspenden y que, si algo  les sale un poquito peor, lo que hacemos los padres es ver cómo podemos ayudarles para que sean buenos en todo.

Pero también, durante esta semana, mi hija me ha sorprendido diciéndome por que letra de la cartilla iban sus amigos, y sé que ninguno de los tutores de 5 años fomenta la comparación. Está claro que ellos se comparan, aunque ninguna de las personas encargadas de su educación lo hagamos. Compararse siempre tiene un lado negativo: si soy «el mejor» puedo mirar con superioridad a los demás y no apreciar que lo que a mí no me cuesta trabajo conseguir, para otros si lo es. Si por el contrario soy «el peor», está claro que la autoestima será también baja y se estará poniendo un techo a mi propio desarrollo personal e intelectual, porque al pensar que no puedo lograrlo, ya tengo un paso hecho para que esto sea así.

Cuidemos, por tanto, las palabras que decimos a nuestros hijos pero también los pequeños comentarios que suponen comparar a unos niños con otros, y cuidemos, por supuesto, el lenguaje que utilizamos para referirnos a nosotros mismos.

Nuestros hijos valen mucho en afectos, en intelecto, en creatividad… y en todo lo que es difícil medir. Como ya he dicho otras veces, la labor más importante de los padres es que puedan desarrollar al máximo todas las capacidades de sus hijos y que ellos puedan decir «porque yo lo valgo». Todos somos un tesoro en multitud de facetas.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Niños movidos

En los últimos días, varias personas me habéis preguntado si es verdad que, de un tiempo a esta parte, hay más niños con problemas de concentración. Esta entrada, como su título indica, va a hablar de niños «movidos» y no de los trastornos de hiperactividad o de déficit de atención que lo dejo para otra ocasión.
Creo que es verdad que esta generación que estamos educando, la estamos haciendo especialmente inquieta y con poca concentración. Varios son los motivos, en mi opinión:

1.       Los padres, vamos acelerados desde que suena el despertador hasta que nos acostamos, y eso lo notan los niños. Ellos quieren ser como nosotros, como ya he dicho otras veces. Somos sus modelos tanto para lo bueno como para lo malo.
2.       Damos muchas órdenes en un solo minuto. Pensemos en las primeras o últimas horas del día: «lávate, quítate el pijama, ponte la ropa, desayuna, ponte el abrigo y la mochila que llegamos tardeeee…». Pero el resto del día tampoco es muy diferente; por la tarde, por ejemplo, también vamos con retraso a las extraescolares, las academias…
3.       Exigimos a nuestros hijos que tengan el mismo ritmo de vida que nosotros los adultos: que desayunen en cinco minutos, que coman en veinte… (algo exagerado ya sé, pero no mucho).
4.       En muchas ocasiones, hacen varias actividades al mismo tiempo: mientras comen ven la tele, mientras van  en el coche meriendan, y así puedo poner otros tantos ejemplos.
5.       No tienen juego libre. Pasan en seguida a tener todo su horario completo con actividades que los adultos les hemos programado.
6.       No cuidamos la hora de irse a dormir y, con frecuencia, acaban de ver la televisión, o nos hemos enfadado con ellos, o vamos con prisa para que se duerman pronto… Con lo que no favorecemos que tengan un buen descanso, porque se duermen con el estrés que les hemos generado.
 
¿Qué cosas podemos hacer?

·         Indicarle las tareas de una en una, y realizarlas de la misma manera («si vemos la tele, vemos la tele; si comemos, comemos…»).

·         No cambiar continuamente de actividades. Según las edades, pueden permanecer concentrados en ella desde quince minutos a una hora.

·         Cuanto más pequeños son, más necesitan de nuestra presencia física. Dediquémosles un ratito.

·         Si les hemos dicho «ahora no, que no tengo tiempo», durante el día tendremos que buscar ese rato para estar con él y hablar de lo que le interesa. Si no lo hacemos, nos interrumpirá continuamente y hará llamadas de atención.

·         Cuidemos que se acuesten en un clima relajado. Evitar antes de dormir las discusiones, la televisión, las tabletas o smartphones, y todo aquello que les sobreestimule. También es importante que duerman las horas suficientes.

No olvidéis que están en la época de mayor aprendizaje de su vida, y que tienen que explorar y experimentar con todo lo que les roda. Eso implica movimiento y estar al aire libre, porque necesitan espacios amplios para moverse.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Malos momentos

En el libro El Seños de los Anillos hay una frase que siempre me pareció muy acertada; Gandalf le dice a Frodo: «Nos ha tocado vivir momentos difíciles, nosotros no elegimos el tiempo que nos toca vivir, todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron».

Todos pasamos por malos momentos, por crisis económicas, familiares o personales. A lo largo de nuestra vida, seguro que hemos vivido varias de esas crisis y las hemos superado. Hablar de crisis o problemas en los adultos parece lógico y normal, pero a lo que no estamos acostumbrados es a hablar de las «crisis de nuestros hijos». Ellos pasan también por estos malos momentos. Crecen en altura y conocimientos, pero también en emociones, responsabilidad, relaciones afectivas… Para ayudar a nuestros hijos, lo primero y fundamental es que nosotros hayamos resulto nuestras crisis por varios motivos; porque les daremos un sistema de valores coherente durante toda su vida; porque seremos para ellos personas fiables en las que confiar a pesar de nuestros fallos y malos momentos; y porque ellos no serán el blanco de nuestra frustración. Al igual que las crisis económicas, las crisis personales, cuando no se resuelven bien, tienden a repetirse con cierta frecuencia, como si nos recordaran lo que aún tenemos pendiente, pero con el problema añadido de que se vuelven más profundas y duraderas en el tiempo.
Como nosotros cuando tenemos problemas, ellos necesitan que les ofrezcamos un cariño incondicional (abrazos, besos, mimitos variados), ser escuchados y, si podemos, alternativas a su situación. Ellos sienten lo mismo que nosotros: miedo e inseguridad, pero la diferencia fundamental es que no tienen el mismo vocabulario y las mismas habilidades personales que nosotros. Las primeras personas en sufrir su mal humor somos los que convivimos con ellos: padres y hermanos. La paciencia no es la única receta, pero sí que es necesaria. Tenemos que enseñarles a reconocer sus emociones, el origen de las mismas y las consecuencias que ellas tienen sobre ellos y sobre los demás. Pero si nosotros no hemos superado nuestras crisis, no seremos buenos modelos para ellos, porque no sabremos cómo mostrarles el camino que deben seguir

Hemos asumido la responsabilidad de cuidar de nuestros hijos  y ello implica, no sólo el sustento, sino nuestro propio crecimiento personal. Si no resolvemos nuestras crisis, difícilmente podremos ayudar a nuestros hijos a superar las suyas.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Para qué sirven los test

Ya he comenzado las pruebas escolares (test), tanto en Primaria como en Infantil. Todos  los años me enfrento a la misma pregunta: “y esto ¿para qué sirve?”. Tal como yo entiendo la Psicología educativa, las pruebas tienen un carácter fundamentalmente preventivo, y sirven para ir conociendo, sobre todo, las capacidades intelectuales de nuestros hijos, aunque también su grado de desarrollo personal y social. Ningún niño es igual a otro, y se encuentran en la etapa de la vida donde su capacidad de aprendizaje es máxima. Lo que como padres y madres no potenciamos y no cuidamos tiende a perderse. Todos venimos al mundo con una  carga genética diferente, en lo que se refiere a  capacidades cognitivas, de personalidad, de peso,  de color de pelo…

Al final de cada ciclo educativo, tengo un perfil de vuestros hijos sobre la capacidad verbal, el razonamiento, la capacidad numérica, la memoria, la concentración y la capacidad perceptiva. Estos datos nos pueden ayudar a establecer una educación verdaderamente personalizada, que no se realiza sólo dentro del aula, sino en cómo organizamos sus deberes, sus actividades extraescolares, su ocio…
Estamos hablando de vuestros hijos, y toda la información que tengamos de ellos es fundamental. Para obtener esta información hablamos con el pediatra, con los tutores, con los familiares y con nuestros amigos, y lo hacemos porque ellos nos importan y queremos lo mejor para ellos. Mi trabajo es describiros cómo son vuestros hijos con la información que me proporcionan los test, los tutores y, por supuesto, vosotros los padres.
En ocasiones, el rendimiento académico no coincide con los test. Normalmente esto ocurre por el esfuerzo que realizamos con vuestros hijos: vosotros los padres por supuesto, pero, también, todos los profesionales que trabajamos directamente en la formación y desarrollo de vuestros hijos.

Quizá es un error pensar: “como va bien en el colegio, siempre va a ir así”. Pero todos los años me encuentro dificultades donde no lo esperábamos: en el aprendizaje de la lectura, en la resolución de problemas, en la comprensión lectora… Ocurre también que, cuando las capacidades intelectuales son normales, las dificultades académicas pueden ser reflejo de problemas emocionales o familiares.

Nuestra responsabilidad, como padres, es ir potenciando cada una de sus capacidades y, para hacerlo, tenemos que conocer a nuestros hijos. Debemos exigirles en función de su capacidad para que no ocurra dos cosas que todos los padres tememos: la primera, que no sean felices porque no ven recompensado su esfuerzo o porque no se satisfacen sus necesidades intelectuales; la segunda, que no valoren que el esfuerzo y la constancia son los que al final nos llevan al éxito.

viernes, 18 de octubre de 2013

Siempre hay un número 1

Hablamos mucho de lo difícil que es admitir el fracaso o ver como nuestros hijos se quedan atrás en algunas asignaturas y, como buenos padres que somos, nos esforzamos al máximo para ayudarles. Los profesionales que trabajamos con ellos hacemos todo lo posible para que tengan una buena autoestima y alcancen sus objetivos. Y remarco lo de sus objetivo,  porque nos damos cuenta de que la trayectoria es importante en ellos y no sólo el resultado. Por suerte hemos aprendido como sociedad a no dejar atrás a nadie.

Pero, ¿qué ocurre con el que es el primero en algo y destaca, ya sea en el deporte, en los estudios, en el arte o en cualquier disciplina?
Lo primero que pensé es que ellos también tienen derecho a conseguir sus objetivos aunque sean diferentes a los del resto, pero luego me di cuenta que también son niños y niñas que tienen sentimientos.
Cuento esto porque, con cierta tristeza, en ocasiones oigo palabras y veo gestos de incomprensión hacia estos alumnos, tanto por parte de los mayores como de sus compañeros. Y  ellos, cuando van siendo más mayores, se hacen muy conscientes de este hecho y esconden, por ejemplo, los trofeos que ganan en las olimpiadas o procuran no sacar un diez para no ser un friqui. Es verdad que educar en la diferencia es una tarea algo difícil: enseñemos que el mejor objetivo es el que se marca uno mismo y el esfuerzo que pone por conseguirlo, y así evitaremos las comparaciones que tanto daño nos hacen y hacen a nuestros hijos.
Educar en la tolerancia y el respeto es simple, pero hay  que estar alerta para ser conscientes de lo únicos e irrepetibles que somos cada uno de nosotros y, por lo tanto, necesarios y valiosos para los demás. Se trata de enseñar a nuestros hijos a valorar a cada a una de las personas con las que conviven.  La diferencia siempre va a existir y nos enriquece a todos.
Educar en la diferencia, la tolerancia y el respeto es enseñar que si a todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos bien, a los que son el número 1 (vaya con todo mi cariño) también les gusta que se lo reconozcan. Ellos también se esfuerzan, se entristecen, sufren, quieren y desean lo mismo que todos los demás niños. Los más pequeños aprenderán pronto que cada uno tiene una meta diferente, pero lo que nos hace iguales es que necesitamos del afecto de los demás para ser personas libres y felices.

sábado, 12 de octubre de 2013

No os agobiéis, cada niño tiene su ritmo

Esta frase la escuchamos continuamente cuando hablan de nuestros hijos, lo dicen los tutores, la psicóloga, los entrenadores… Normalmente la escuchamos cuando se refieren a que nuestros hijos pueden ir con un ritmo algo más lento que el del resto de los alumnos. Si es al inicio del curso, pensamos, como bien me expreso una madre,  “eso no me va a ocurrir a mí, si mi hijo va más lento ya aprenderá”, pero cuando la realidad se asoma a nuestra vida y vemos que nuestro hijo va más lento, saltan todas nuestras alarmas y, curiosamente, suele ser para responsabilizarnos en exceso: ¿Qué estaremos haciendo mal? ¿Tengo que hacer más deberes con ellos? ¿Le apunto a una academia? ¿Le quito de las extraescolares?….

Lo importante es seguir manteniendo la calma y preguntar a los profesionales que le están educando. Una vez hice una sencilla operación matemática para intentar explicar porque ellos, a pesar de nuestros agobios, sí saben donde está el ritmo “normal” de aprendizaje. Os comento: un aula tiene de media 27 alumnos, pongamos que ese profesor no sale de clase en todo el curso y no imparte otra asignatura a ningún otro grupo más. Pongamos que lleva 10 años de docencia; son 270 alumnos que él conoce. ¿Cuántos de nosotros podemos decir que conocemos a 270 niños de la edad que sea? Por muy extensa que sea nuestra familia o nuestra red social (y no me refiero a Facebook o Twitter), no llegaremos nunca a esta cifra. Confiemos en ellos, pero la confianza se mantiene porque existe una buena comunicación. Expresemos nuestras dudas y dejémonos aconsejar. Es verdad que la normalidad no existe porque todos somos únicos, diferentes e irrepetibles. Deberíamos ser nosotros, padres y madres, los que más respetemos este ritmo de crecimiento sin compararlo con los de los amigos, los hermanitos o nosotros mismos.

En la próxima entrada hablaré de los niños que destacan en los estudios, el deporte, actividades artísticas… Ellos también existen.

viernes, 4 de octubre de 2013

¡Sentimientos!


Este es uno de los libros favoritos de mi hija y también mío. La foto es una de las páginas de ese libro. 
Cuando se lo regalamos, me di cuenta de todas las emociones que nuestros hijos conocen ya desde muy pequeños, y de la importancia que tiene que reconozcan esas emociones en ellos y en los demás. Recordé también el poder que tiene la palabra: cuando podemos definir nuestra realidad es mucho más fácil que la podamos compartir.
A veces, también se nos ha enseñado que no es bueno que los niños nos vean llorar o estar tristes pero pienso, de verdad, que esto es un error. Nosotros somos modelos para ellos en todos los aprendizajes básicos. Si queremos que lean, leemos con ellos; o si queremos que practiquen algún deporte, les llevamos a actividades deportivas extraescolares. Entonces, si queremos que sean personas emocionalmente competentes, tienen que vernos expresar nuestros sentimientos y, cuando nos pregunten, poder decirles que estamos tristes, cansados, avergonzados, o … Según su edad, también les podemos explicar el porqué de ese sentimiento que tenemos. Cuando vayan creciendo, ellos tendrán vocabulario, experiencias propias y no tendrán vergüenza de contarnos qué les ha pasado y cómo se han sentido y podremos ayudarles en sus problemas más difíciles y alegrarnos de sus mejores éxitos.
Os invito a intentar escribir en un papel diez emociones, pero con la condición de que cinco de ellas sean positivas (no valen sinónimos). Quizá nos demos cuenta que ponemos la atención más en lo negativo que en lo positivo. Quizá es un buen momento para poder cambiarlo.

(http://www.combeleditorial.com/es/libro/feelings_50006411/en/)

sábado, 28 de septiembre de 2013

"Ni a los niños ni a las bestias les gustan las fiestas"

Ya lo dice el refranero español, lo mejor para los niños son las rutinas. Cuando digo niños no me refiero sólo a los bebés, también estoy hablando de todos los que están estudiando (0 a 18 años).
Las rutinas nos ayudan a todos; a ellos porque les da estabilidad emocional y a nosotros, los padres, porque nos permite organizar nuestro hogar de manera más eficaz reduciendo el estrés y al irnos a la cama no tengamos la sensación de haber librado una batalla o corrido un maratón.
A veces me decís que es muy difícil llevar a cabo lo que propongo porque los niños tienen extraescolares, partidos…. Pero hay cosas que sí deberíamos mantener:
·         Las horas de las comidas, meriendas y cenas deben ser siempre las mismas, incluso en fin de semana. Los lunes son días lectivos y, en ocasiones, los niños están demasiado dormidos o cansados.
·         Estudiar entre semana todos los días y elegir uno del fin de semana para que realmente descansen y desconecten.
·         Antes de dormir seguir siempre el mismo orden para que vayan disminuyendo su actividad emocional e intelectual. Por ejemplo: recoger, baño, cena, lavarse los dientes, leer un ratito pero  ya en su habitación y después a dormir. Durante este tiempo no deberían ver la tele ni jugar con la tablet… son demasiados estímulos para conciliar bien el sueño. Las personas no somos ordenadores que conectamos y desconectamos en segundos
Como padres deberíamos proponernos un par de rutinas:
·         La primera es estar un ratito con ellos para realmente escuchar lo que nos dicen. Podemos hacerlo en la cena o antes de dormir, cualquier ratito es bueno.
·         La segunda es decirles lo mucho que les queremos, incluso en esos días en lo que todo ha ido un poco torcido. Es bueno para su autoestima y es bueno para nosotros pues podemos empezar todo de nuevo al día siguiente.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Y sigue llorando...

Mi hijo sigue llorando cuando le dejo en el “Pequecas” (la escuela infantil de primer ciclo del colegio) y esto a casi todas las madres nos desconsuela un poco.
Lloran porque van madurando en su dimensión afectiva y distinguen a las personas conocidas de las que no lo son tanto. Ellos no tienen noción temporal: para ellos cualquier separación es larga, pero el llanto se les pasa pronto porque ellos son muy generosos en emociones y enseguida se apegan a sus profesoras. Ellas también les dan cariño, sonrisas y juegos. Si tienen hambre, comida, y si están sucios, les limpian, les cambian el pañal… Ellos aprenden pronto que están en buenas manos. Sólo es cuestión de tiempo.
Trucos para hacerlo más fácil

·         Pensar siempre en positivo: nuestros hijos están en el mejor lugar donde podrían estar, si no, hubiéramos elegido otro colegio
·         Despedirse rápida y cariñosamente: Darle un beso, decirle una palabra cariñosa y despedirnos de la profesara también afectuosamente, que ellos vean que es una persona muy importante para nosotros. Todo esto casi tan rápido como lo cuento.
·         Son esponjas de nuestras emociones: Si estamos nerviosos ellos también lo estarán, si estamos triste o nos ven llorar ellos también lo harán.
·         Recoger al niño siempre a la misma hora: las rutinas les dan seguridad afectiva, y seguir los mismos pasos, darle un beso, decir una palabra cariñosa y despedirnos de la profesora también cariñosamente.
·         Confiar: Todas las personas que cuidan de nuestros hijos también los quieren y se preocupan por ellos.
Y, de repente… vuelven a llorar
Puede que lleven muchos días sin llorar y de nuevo comienzan a hacerlo. No hay que preocuparse, puede deberse a muchos factores; que estén enfermando, que lleven varios días sin ir a la guarde, que tengan un mal día (ellos también los tienen), pronto se les pasará.

martes, 17 de septiembre de 2013

Extraescolares, nuestro puzzle de todos los cursos

Hoy, en nuestro cole, se han repartido las hojas para las actividades extraescolares de nuestros hijos. Ahora empieza para la mayoría de las familias este gran rompecabezas. Os daré varías ideas que puedan ayudaros a elegir mejor:

1.       Que sean lúdicas. Es el tiempo libre de nuestros hijos y por lo tanto intentamos que sea un ocio activo que estimule su crecimiento como personas.
2.       Conocer a nuestros hijos sus gustos y dificultades. A veces se puede compaginar todo, el desarrollo intelectual, la concentración…
3.       No saturar con muchas actividades, porque corremos el riesgo de aumentar su nivel de ansiedad.
4.       El tiempo no es infinito, el día tiene 24 horas y ellos deberían dormir un mínimo de 8.
5.       Nosotros, aunque lo parezca, no somos ni super- hombres, ni super-mujeres, no podemos estar en cien sitios a la vez. Si estamos estresados se lo trasmitiremos a nuestros hijos.
Algunos trucos
La música: Desarrolla el oído, pero también es otra forma de comunicación, por lo que es muy adecuada para desarrollar el área de la comunicación y para el estudio de los idiomas.
Deportes de equipo: Al margen de un tema de salud y de desarrollo integral de las personas, mejoran la socialización, el pensamiento abstracto y la orientación espacial.
Deportes individuales: El judo y otras artes marciales, el tenis, el tiro con arco… facilitan la concentración y el autocontrol.
Juego libre: Recordad que son niños y necesitan también un tiempo de ocio que deberían gestionarse ellos. No podemos ni debemos programarles toda su vida. Debemos educarles también en la libertad y en la responsabilidad, y ello se aprende poco a poco en las pequeñas decisiones cotidianas.

Hola a todos

Bienvenidos a este blog que pretende facilitar la comunicación con vosotros. No es un blog estrictamente profesional porque lo que pretende es poder compartir diferentes aspectos de la realidad desde dos perspectivas: la de madre y la de psicóloga. Espero que la propuesta os guste y que podáis participar para enriquecernos mutuamente.
Ánimo y  buen curso para todos.